El aula de la alegría

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El CEIP Antonio Machado estrena espacio para alumnos con necesidades educativas específicas.

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Entre las aulas que componen el CEIP Antonio Machado de La Puebla del Río, encontramos una en cuyo título reza “el aula de la alegría”. Este simpático título da nombre perfectamente a lo que allí se respira. Tres alumnos, una profesora, un monitor de educación especial y muchas sonrisas durante el día. Se trata del aula específica para alumnos con necesidades educativas, la cual se une a la existente en el Antonio Cuevas, que acoge, especialmente, a niños con autismo.

¿Y qué entendemos por necesidad educativa especial? Es preciso comentar que antiguamente se trabaja con el término deficiencia. Es decir, el niño era el que tenía un problema y el entorno hacía poco por adaptarse. Con este concepto de necesidades, como indica el director del centro, Manuel Luna, se intenta que “no sea tanto del niño, sino de la respuesta que le vayamos a dar, entendiéndose que hay necesidades diferentes dependiendo de cómo esté el entorno organizado”. Si está más organizado, tendrá menos necesidades. Busca centrar el foco de atención en el contexto.

El director nos cuenta cómo ha sido el proceso de obtención del aula específica: “Nosotros venimos trabajando las necesidades del centro desde hace un par de años. Lo venimos trabajando con la familia, con Sevilla y con el Ayuntamiento, ya que nosotros creemos que los niños tienen que estar escolarizados en su pueblo, cerca de sus casas para desarrollar su vida con sus amigos. Este año ha sido diferente porque uno de los alumnos que teníamos escolarizado ya había repetido Infantil 5 años, haciendo una extraordinaria, y salía a Primaria. En Primaria no íbamos a conseguir que tuviera la mejor atención posible, ya que la organización es diferente a la de Infantil. Teníamos un argumento muy de peso para solicitar el aula, apoyado en que había un alumno en el Antonio Cuevas en el mismo caso y sus necesidades no eran de autismo, que es lo que se trabaja allí; y una chica que estaba en un colegio de Almensilla, muy lejos de casa. Con estos tres casos de peso, teniendo el colegio disponibilidad en espacio físico, se trabajó desde tiempo atrás y, gracias a la aportación de la familia, Ayuntamiento e inspección se consiguió”.

El hecho de ser un aula especial no quiere decir que se pretenda apartar del resto, sino todo lo contrario, como bien indica el director, que, aunque especifica que “se están ultimando detalles como el mobiliario y el material necesario para estos alumnos”, la ida del aula es que sea “muy abierta, de manera que los alumnos no estén las cinco horas del día dentro de ella, sino que tengan otros grupos del centro para integrarse en actividades comunes como asamblea, psicomotricidad o recreo”. En definitiva, que tengan inclusión en la vida diaria del colegio.

Pili López y Francisco José Márquez son las personas encargadas de velar por la enseñanza y educación de estos tres alumnos en el centro. Dejan claro que el trato a los mismos “debe ser igual que con el resto”, sólo teniendo en cuenta que “hay que dar respuesta a lo que quieren en cada momento”. En cuanto al día a día en el aula, aunque la primera semana ha sido de “observación”, los profesores coinciden en la argumentación del director y señalan que “debe ser un espacio abierto para que los niños estén integrados con el resto el máximo tiempo posible”.

Uno de los aspectos de integración es la asamblea, en la cual el alumnado debate sobre el tiempo diario, el día que es o aspectos generales y básicos de la semana. Elemento que, en conclusión, fomenta la convivencia y el compañerismo. En el otro lado se encuentra el trabajo individualizado con cada alumno para dar respuesta a lo que necesita, lo cual requiere su tiempo. Sin embargo, se aclara que el tiempo individualizado no será el total, puesto que al igual que los alumnos se desplazarán a realizar otras actividades, recibirán visitas de los compañeros. Todo el trabajo necesario para la integración grupal, sin diferencias.

Si el profesor de una clase de 25 alumnos tiene como objetivo el aprobado de todos, en este caso se funciona con pequeñas metas que, a su vez, producen una gran satisfacción. Por ejemplo, el control de esfínter o la simple comunicación, aspectos que se comprobarán a largo plazo debido al trabajo que tienen. “Si llega por la mañana y dice hola, es un gran paso”, comenta Pili López. A buen seguro que, con el trabajo y el empeño depositado por el centro en la iniciativa, estos pequeños grandes pasos se consiguen.

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