Bullying

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Hablamos de este concepto importante en la sociedad de hoy en día.

Lo único nuevo es el nombre. Debido a las etiquetas y las distintas personalidades, aún en proceso de formación, que tienen cabida en una clase o patio de colegio, todos hemos estado en clase con el gordito, el mocoso, el tímido o el empollón.  Y por supuesto estaban los listos, los graciosos y abusones. A pesar de haber existido siempre, lo realmente nuevo es la magnitud de los hechos, los medios para hacerlo y la dificultad de control del proceso, debido a las novedades que presenta.

Se genera en un contexto social que se genera en el aula del centro educativo, por lo que es desde aquí donde debe empezar a abordarse la situación.

Hablamos de episodios en el que los agresores, causan un daño intencionado físico o psicológico, de un modo sistemático  con el fin de ser mirados y buscar la atención de los demás.  Esto da al agresor, estatus en el grupo, protagonismo, y según él cree, fortaleza.

La victima suele tener menor fuerza física que el agresor, y no hay ningún tipo de provocación por parte de esta.

Además de que este fenómeno cuenta con diversas posibilidades:

  • Físico: es el más fácil de detectar por las secuelas y castigable por la ley. Es más característico de los hombres.
  • Verbal: Es más difícil de detectar ya que las víctimas suelen callar, ya que lo más importante es pertenecer al grupo. Es usado mayoritariamente por mujeres que utilizan insultos y amenazas.
  • Social o relacional: consiste en aislar a la víctima y hacerle el vacio. Y puede darte conjuntamente con alguno de los anteriores. Puede llegar a ser muy doloroso para la víctima ya que sufre la exclusión del grupo.
  • Sexual: Burlas o juegos sexuales, tocamiento o demanda de favores sexuales. Común en adolescentes que están experimentando.
  • Cibernético: comentarios ofensivos en cualquier red social, mensajes de texto. Es difícil de controlar, ya que los menores suelen ocultar y proteger estos espacios con contraseñas y bloqueos.

Antes estos episodios terminaban al tocar el timbre del colegio, pero hoy nos vamos todos a casa interconectados, por móviles, chats, redes sociales, grupos de Whatsapp y los menores juegan con herramientas y una velocidad de difusión que a niños de 12-13 años, se les va de las manos.

La mayoría de los casos se detectan entre los 7 y los 16 años, alcanzando el máximo exponente y gravedad entre los 11 y los 15 años. Todos los compañeros son participes del proceso, ya que todos juegan un papel primordial en la situación. Aunque el agresor y la victima sean los protagonistas, los espectadores no son menos importantes. Ya que son los reforzadores del agresor, si ellos denuncian y no entran en el juego que este propone, el agresor se quedará sin su reforzador. Que no es otro que gozar de estatus y poder en el grupo, llamando la atención de los demás.

Las victimas presentan una seria de conductas, que pueden ser camufladas asociadas a los cambios de la edad y pasar desapercibidos por los adultos. Algunos síntomas son:

  • Irritabilidad y cambios de humor.
  • Somatización. Refieren frecuentemente dolor de cabeza o estómago, y lo añaden como excusa para evitar ir a clase, excursiones o salidas con amigos.
  • No atienden al teléfono y piden dinero extra.
  • Deterioro en el rendimiento académico.
  • Hacen comentarios trágicos sobre la vida, refiriendo a la muerte y al suicidio por su desconformidad con la vida.
  • No denuncian, prefieren sufrir en el grupo antes que dejar de pertenecer a él.
  • Son tratados de forma despectiva y tienen algún apodo.
  • Le hacen bromas constantemente.
  • Evitan el diálogo con otros alumnos, ya sea en el clase o en la calle.

Son muchos los padres de menores de menores que llegan a consulta con esta problemática. Seguro que todos conocemos algún caso y si no en las noticias salen los más extremos, que llegan a quitarse la vida por la imposibilidad de adaptación al grupo.

Si tenemos en cuenta las características de esta edad, entre otras encontramos: la importancia que tiene pertenecer  y  ser aceptado en un grupo. Y la formación de la identidad personal se encuentra en pleno proceso, provocando dudas, temores, ambigüedades e inseguridades. Por lo que se les hace aun más difícil la situación.

Para el abordaje necesitamos formar un equipo, que estará compuesto por el grupo de clase, el centro educativo, la familia y si es necesario, un terapeuta. Que trabajen conjuntamente en el centro y en el hogar, para que el joven se sienta apoyado, querido y fuerte.

Muchos padres no reconocen que sus hijos sean capaces de hacer algo así, porque en casa son estupendos. A estas edades, como he referido anteriormente, la personalidad de está formando, por lo que el joven prueba a tener personalidades distintas en cada contexto, según sus intereses en cada uno de ellos. La importancia del conocimiento y concienciación de los padres tanto de víctima como de agresor, es de vital importancia para frenar la situación.

Solo con la concienciación de los jóvenes, formándolos en valores, empatía y humanidad, disminuirán estos casos. Por lo que es de reconocer la importante labor que realizan ya, la mayoría de centros educativos, para que esto deje de ocurrir.

Conocer es la única formar de poder evitar.

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