Diego Ventura corta una oreja en Huelva

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El rejoneador cigarrero se quedó a las puertas de un nuevo triunfo.

Jugaron a la contra dos elementos que tanto juegan en la suerte final de la propia suerte de un torero como son el comportamiento de los toros a los que se mide y el acierto con los aceros. Le dieron la espalda ambos factores a Diego Ventura en su regreso a Huelva y, raro es, se marchó andando de La Merced, una plaza tan suya. Fue, sobre todo, tras la faena al segundo de su lote donde mereció Ventura el premio mayor. Especialmente, por cómo fue capaz de extraer agua de un pozo muy justo de ella.

Después de la ovación en el primero, puso Diego toda la carne en el asador en el siguiente yéndose a portagayola con la garrocha montando a Lambrusco. Hubo emoción en el envite porque respondió el de Los Espartales con fijeza y con celo. La tensión le puso a este inicio la emotividad de un toro en su apogeo y de un torero dominando esa fuerza desbocada. El maestro Javier Buendía, desde el palco de la Plaza de Toros de Huelva, fue testigo privilegiado de una suerte tan suya que Diego ha desempolvado en esta temporada de su vigésimo aniversario de alternativa. Ya en banderillas, lució el cigarrero con Importante, que tiene el valor y el sentido innato del temple para llegarle mucho a los toros y llevarlos toreados más allá de donde quiere su voluntad. Algún derrote seco hubo de evitar sin que le alcanzara. Hubo ajuste en las banderillas puestas luego de batir cargando mucha la suerte, que era la forma de provocar la acometida del toro de Los Espartales. Para bajar esos humos que por momentos dejó ver, puso en liza a Nazarí, con el que Diego dejó a su oponente en el punto de cocción adecuado -siempre, a tenor de lo que tenía dentro, que no era mucho- para que fuera el momento de Dólar. Que terminó siendo el gran momento. Una rosa primero como preámbulo del par a dos manos sin cabezada después de tantear el rejoneador que el astado no le iba a ayudar en nada, que le iba a esperar. Medida esa circunstancia, citó muy en corto y se fue de frente -todo el mando en sus piernas- para hacer la suerte muy despacio y en los medios de la plaza, que se levantó al unísono mientras Diego mostraba el prodigio de doma que ha logrado con Dólar. Tras el carrusel de cortas con Remate, pinchó en primera instancia para, a continuación, cobrar un rejón entero que tiró sin puntilla a su enemigo. Se pidió con fuerza la primera oreja y hubo petición de la segunda, si bien, ésta se terminó apagando.

Se apagó como una vela en día de oleaje el primer toro de su lote. Soso y parado desde los primeros compases, a menos, noble, pero sin decir gran cosa. Lo paró magistral con Guadalquivir, dominando sin forzar. Luego, con Nazarí, hubo de tomar muy en corto al burel, que era tardo y reservón, como anclado, y que no le permitió lucir su toreo de costado. No tenía fondo para ello el toro. Los quiebros con Lío tuvieron la explosividad de lo cerca que se quedó Diego para batir, clavar y pasar, casi sin que el de Los Espartales reaccionara. Coronó con el carrusel de cortas al violín con Remate antes de que varios pinchazos apagaran, en este caso, la vela de la esperanza del premio.

  • Crónica: web oficial Diego Ventura.
  • Foto: Agustín Gonález Arjona.

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