El “adiós” más bohemio

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El maestro cigarrero ha anunciado su retirada de los ruedos de forma indefinida.

Cuántas cosas vamos a echar de menos con José Antonio. Morante de La Puebla, un torero diferente, con sabor añejo, clásico, aunque capaz de inventar. Un torero con arte, de regalar pinturas en cada media verónica, de dar el patinazo cuando más se le espera pero de poner la plaza en pie con cada detalle. Quizás al mago se le haya apagado su lámpara o perdido su varita, pero a veces para encontrarse hay que perderse. Él lo sabe. Y, como ha hecho a la hora de anunciar su retirada de forma indefinida, volverá cuando menos esperemos.

La anunciada este domingo es su tercera despedida de los ruedos desde que tomara la alternativa hace ya 20 años, en 1997. La primera de ellas fue en 2004, y la segunda en 2007. Diez años más tarde, Morante vuelve a decir adiós, pero quizás no se cumpla eso de a la tercera va la vencida, y todavía nos queden por vivir momentos artísticos regalados por el de La Puebla.

Han sido diez años en los que Morante ha mostrado su forma de ser peculiar. Como instantes cumbres, se le recuerdan sus verónicas en Madrid en 2009, su faena a un toro de Juan Pedro en La Maestranza, su memorable faena para desorejar a Cacaero, en Bilbao, el rabo de la Plaza de los Califas o cómo, tras perder la muleta en la Maestranza, inventar una especie de media abelmontada al toro de Cuvillo en su última tarde de feria de 2016, faena que le sirvió para cortar dos orejas. También quedan en la retina los recibimientos de su pueblo, donde es profeta, a su vuelta desde las Américas, o cómo un día riega una plaza al no estar convencido del estado de la misma y al día siguiente sale por la puerta grande. Un genio. Capaz de idear un encierro en La Puebla para que no se pierdan las raíces que él transmite.

En su última temporada, es preciso reconocer que no ha sido la suya en cuanto a los trofeos. Un total de 23 tardes en las que ha paseado 12 apéndices es el balance del de La Puebla en 2017. Sin embargo, también ha dejado momentos que ponen en pie a los tendidos, como esa forma de colocar un toro o el tercio de banderillas en sus últimas tardes, de momento, en Sevilla. Su última gran faena, aunque sin premio, la firmó precisamente en El Puerto, plaza de donde salió abroncado antes de comunicar la decisión de su retirada.

Son muchas las voces especializadas que dicen que las formas y razones de su retirada no son las mejores para una figura de tal calibre. “Estoy aburrido del sistema. Los veterinarios y los presidentes me han hartado, el toro es demasiado grande para el toreo de arte”, indica el diestro. Sin embargo, sólo él sabe lo que se le puede estar pasando por la cabeza para llegar a tal punto. Su carácter especial así lo atesora. El aficionado ya cuenta los días para volver a ver al maestro. Quizás ha querido dejar cuentas pendientes para saldarlas en un futuro, quién sabe si próximo.

Foto: Antonio Heredia.

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