El capitán del ejército cigarrero de tambores

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Silva y su Escuela Infantil se han convertido en un clásico de preferia. 

Es Cuaresma en La Puebla. Un grupo de niños de corta edad se disponen a sacar un paso, adornado, con la ayuda del Mero, por flores del parque e iluminado con un par de velas adquiridas en la droguería de Manolo Campos (q.e.p.d.), quien también ofrecería una caja de puntillas para que la parihuela estuviera bien sujeta. Detrás del paso, un niño con un palo en cada mano y un bombo de detergente colgado toca el redoble de tambor. Ese niño, años más tarde, acompañaría a su inseparable amigo Ricardo Mateo a las pruebas que estaban haciendo para la entrada de tambores en la recién fundada Banda Municipal y, tal era su habilidad, que fue elegido por Antonio Borrego y José Manuel Tristán (actual director de Tejera) como primer rufante de la banda de su pueblo. Además, ha tenido el placer de tocar, entre otros grupos, en Espi’s Band, puesto que también es un habilidoso de la batería. Y, como buen padre, transmite su herencia a sus dos pequeños, Etienne y Unai, quienes, acompañados por algunas familias del barrio y con el apoyo de Taty, su mujer, deciden emprender a finales de 2012 un jugoso proyecto: la Escuela Infantil de Tambores de La Puebla del Río.

Lo que no sabía José Antonio Silva, protagonista de esta historia, al ser el director de la escuela, es que ese proyecto se iba a convertir en un ejército de niños cigarreros tocando el tambor. Como decimos, su idea era la de montar una pequeña banda con sus niños y vecinos del barrio para enseñarles sus conocimientos, pero al comentar la idea “a algunos amigos”, Silva se dio cuenta de que había bastantes niños interesados. “Empecé a moverlo y la primera vez se me presentaron unos 40 niños en el ensayo, por lo que vi que tuvo aceptación”, resalta.

Tan sólo un mes transcurrió desde el primer ensayo a la primera actuación. Esta fue el 5 de enero, día de la ilusión en La Puebla, acompañando el pasacalles del cortejo de la Cabalgata desde el Ayuntamiento hasta el Parque Municipal, lugar de salida de las carrozas que, posteriormente, recibirían a Sus Majestades de Oriente en la Barqueta. Silva quedó absolutamente sorprendido con el resultado del trabajo de su ejército porque “en tan poco tiempo los niños cogieron rápidamente los patrones que llevamos trabajados, por ejemplo, en la Banda Municipal. Fue algo muy emotivo al ver que los niños aprendieran de esta forma, a la gente le motivó bastante y se notaba en las caras mucha ilusión”.

Tras esta primera actuación, fueron llegando más: en La Puebla, por ejemplo, la Escuela Infantil de Tambores ha tocado en el pregón y previa del Corpus, Velá de la Cuesta Colorá o Las Palmillas; mientras que ha estado en otras localidades como Alfonso, Bollullos, Gelves, Coria o Paradas. Incluso ha colaborado, durante dos años consecutivos, en el Cortejo del Cartero Real en el Hospital del Virgen del Rocío de Sevilla. Sin embargo, la actuación que Silva considera más especial es la del primer encierro en honor a San Sebastián, una cita histórica en la localidad cigarrera, aunque confiesa que le motiva hasta un ensayo, ya que disfruta cada minuto junto a sus niños, que son los verdaderos protagonistas de esta escuela.

La receta para manejar a todo este ejército de niños y sus familias no es sencilla, y quizás eso es lo que hace a Silva un gran profesor, ya que llega al corazón de todas esas personas. “Lo difícil es manejar a los padres, los niños se manejan solos”, comenta entre risas. El genial percusionista subraya que se encuentra en su mejor momento, ya que gracias a tener un trabajo “estable” y al apoyo de su mujer y sus hijos, puede dedicarse a enseñarle a los demás todos sus conocimientos. Quién sabe si en un futuro no muy lejano, la cuerda de tambores de la Banda Municipal está compuesta por niños que se iniciaron con Silva. O vemos a algún batería destacar por los escenarios de nuestra geografía.

Como dijimos al principio, Silva pretendía con este proyecto que sus hijos, Etienne y Unai, siguieran su estela. Y podemos decir que van por el camino indicado. Al respecto de su hijo mayor, Etienne, comenta, que “si no se aburre, seguro que va a conseguir muchas cosas. Me doy cuenta de que se está haciendo muy buen músico, tiene hambre de percusión y un grupo de folk donde ya toca. Por ejemplo, en la batukada monta todos los ritmos y es el único que sabe los patrones de todos los instrumentos que tocan. Es un comodín de oro”. Emocionado, recuerda una anécdota acontecida en uno de sus últimos ensayos, y es que Etienne “apartó a ocho niños y al ratito venían todos redoblando”. Por su parte, Unai “es muy pequeño todavía, es un lo hago cuando quiero. Es el típico que te coge la caja y te quedas helado con él, pero cuando ve una pelota dice ‘ahí te quedas’. Las cualidades que tiene no son normales”.

Tener a sus dos hijos y mujer junto a él en la escuela es una gran satisfacción, ya que todo lo que se hace sale del corazón. “Cuando miro en una actuación, en la que voy disfrutando desde que empiezo hasta que acabo, y sé que lo que estamos haciendo es de corazón, me quedo con una ilusión y satisfacción tremendas”, indica Silva, quien también no quiere dejar escapar la oportunidad para agradecer el trabajo de su gran amigo y compañero Emilio, a quien ha podido traer a La Puebla después de seguir caminos con el tambor por separado, y a los padres y madres que colaboran con el bombo, como Ángel o Renedo. Es, en definitiva, una actividad en la que participan y se implican familias al completo, donde se trabajan muchísimos valores y principios importantes en esta vida, siempre rodeados de música, a golpe de percusión.

No queda ahí el trabajo del maestro del tambor, Silva, para La Puebla. Y es que también está al frente de la Batukada Tamsur, esa que por ejemplo, pone el ritmo en la noche mágica del 5 de enero. Un proyecto que propuso Francisco Javier Iglesias a raíz del acompañamiento de tambores y cornetas de la Banda Municipal al cortejo de la Ilusión. Ya no se entiende un evento en La Puebla sin el acompañamiento de Silva y su ejército de tambores o el ritmo de la genial Batukada Tamsur.

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