El dueño del trono

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Tres orejas para Diego Ventura en Osuna, cierre a un gran fin de semana para el rejoneador.

Tres de tres en cuatro días. Es el último registro de Diego Ventura. Tres puertas grandes en las tres corridas toreadas en Jerez de la Frontera, Talavera de la Reina y Osuna en ese margen de tiempo. Nueve orejas y un rabo a todo tipo de toros, lo que consagra todavía más, si es que fuera necesario, no ya el momento de plenitud en el que vive desde hace años, sino que no tiene la menor intención de levantar el pie del acelerador en la búsqueda del objetivo de ser mejor cada día. En el caso de hoy, se impuso con absoluta superioridad y suficiencia a un lote de toros de Luis Terrón, muy por debajo de su capacidad.

El cigarrero le cortó las dos orejas al segundo de sus oponentes, que paró con Campina y que cuajó de principio a fin en un tercio de banderillas inmaculado y sin tregua alguna. Desde el toreo total de Sueño a los quiebros inverosímiles de Lío, pasando por los chispazos geniales de Gitano y con el corolario genial de Dólar, con el que Ventura dejó un par a dos manos sin cabezada sencillamente perfecto. Y todo ello, dicho queda, ante un toro de Terrón que no aportó gran cosa como materia prima al espectáculo colosal que completó Diego en una de las plazas más decididamente venturistas por las grandes actuaciones que viene logrando de forma consecutiva en los últimos años.

Un apéndice obtuvo de su primer oponente, manso y aquerenciado, que recibió con Joselito y al que le instrumentó una lidia impecable con Fino, planteada toda ella en esos terrenos de adentro donde el astado asentó el paraíso para su ausencia de raza. Ya conduciendo de costado, prácticamente, barbeando tablas, ya clavando muy de frente y llegando mucho en quiebros en los que se dejaba radiografiar los pechos sin renunciar nunca a los cánones que hacen grande cada suerte. Y luego salió Bronce para multiplicar el nivel de la faena con esa capacidad para dominar territorios sólo reservados para los más grandes. Las imágenes de Arjona que ilustran esta crónica hablan por sí solas. Como los datos que refuerzan su tiempo vital: números que refrendan que es el dueño del trono. Y que así lo escribe cada tarde.

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