El mal tiempo pudo con el Viernes Santo

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La Hermandad de los Dolores, ante los temerarios partes meteorológicos, se vio obligada a suspender su Estación de Penitencia.

Eran las seis y media de la tarde. Nazarenos llegaban a la Parroquia, costaleros que se daban cita en el señero Bar Mateo para igualar, músicos comenzaban a transitar por las inmediaciones de la parroquia y el público, cada vez más, ansiaba la apertura de puertas de la Parroquia. ¿Va a salir? Era la pregunta que se repetía una y mil veces en la calle Manuel García Soriano o Esquina del Reloj. El cielo amenazaba, pero respetaba de momento al Viernes Santo cigarrero.

En Sevilla, El Cachorro, La Carretería, La Soledad de San Buenaventura y La O habían dicho que no. Posteriormente lo haría San Isidoro, quedando las esperanzas en Montserrat y La Mortaja, las más tardías de la jornada. También estaban puestos los sentidos en Coria, donde tenía que decidir La Soledad. Había esperanzas de mejoría a partir de las 20:30 horas, por lo que las ilusiones no se desvanecían.

“¡Recio!; ¡De la Olla!; ¡Julián!; ¡Ismael!; ¡Ventura!”. Antoñito Villanueva pasaba lista e igualaba en Bar Mateo ante el respeto de los hombres del costal y rodeado de su equipo de auxiliares, entre los que se encuentran los cigarreros Jimmy y Juan Antonio Palma, quienes al entrar en la Parroquia no pierden la oportunidad de fotografiarse ante el Cristo del Perdón y María Santísima de los Dolores con sus maestros.

Se anuncia una primera reunión a las 19:35 horas, cinco minutos después de la hora de salida prevista. El encuentro es breve, pero no se observan caras muy optimistas a la conclusión de la misma. Se valoran cambios de itinerario y se convoca un último y definitivo cabildo a las 20:15 horas, con idea de que si la mejoría se confirma, la salida se produzca a eso de las 20:45 horas con un itinerario reducido.

Pasan los minutos y el cielo se vuelve más negro. “La Mortaja no sale”, se dice entre las tertulias cigarreras del momento. “Montserrat decide esperar y La Soledad pedirá tiempo”. Un hilo de ilusión se abre entre la cada vez mayoritaria resignación de los hermanos y hermanas. El cielo está muy negro, pero no descarga. Hay esperanzas en que pase rápido y se pueda salir. En la mente estaban las recomendaciones de Miñarro con respecto al Cristo, muy sensible al agua.

Llega la hora del cabildo. No iba a poder ser. Tras aproximadamente un cuarto de hora de debate, se abre la puerta de la sala donde se celebró el encuentro y comienzan a salir miembros de Junta, que le abren paso al Hermano Mayor. En algunas caras ya se notaba la decisión. Se contienen las lágrimas para no contagiar al resto de asistentes, pero al tomar la palabra el Hermano Mayor resulta inevitable. No se sale. Es imposible ante los temerarios pronósticos del tiempo, que no aseguran mejoría y sí una gran actividad entre la atmósfera revuelta. Iba a llover en cualquier momento.

Sí se pudo disfrutar de un momento íntimo, el de la colocación de los pasos en la Parroquia. Capilla Musical para el crucificado y Amarguras para el palio. Cómo sonaba la Banda Municipal de La Puebla del Río y cómo se movía el palio. Qué elegancia. “Qué paseo le hubiéramos pegado”, dicen los costaleros. Y cuánto hubiera disfrutado La Puebla con la sobriedad Servita.

Montserrat y La Soledad de Coria confirman que tampoco salen. “Nada más que hay pasos en Aznalcázar”, comentan en el refrigerio posterior. Cayeron cuatro gotas en La Puebla, mientras que en los alrededores llegó a llover con fuerza. Quizás fueran las lágrimas de Julio, quien desde el balcón privilegiado de la gloria no pudo disfrutar de su Virgen de los Dolores en la calle. La decisión fue la correcta. Experiencias anteriores así lo demuestran. La Puebla resta ya sus días para ver a Los Servitas en la calle. Con el doble de ilusión.

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