El ritmo Ventura

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El rejoneador cigarrero corta dos orejas en Segovia y suma una nueva puerta grande.

Nueva salida a hombros, y van diecisiete en 2019, para Diego Ventura que, definitivamente, ha impuesto su particular velocidad de crucero, ese ritmo implacable e imparable que le es propio temporada tras temporada para seguir afianzando su dominio en el rejoneo contemporáneo. Esta vez fue Segovia, una plaza de toros en vías de recuperación, que lucha por recuperar la vida y el crédito y que ha disfrutado con la gran tarde del jinete cigarrero, que pudo y debió culminar con cuatro orejas.

Lo hizo con dos –las del primero de sus oponentes- porque el rejón no le acompañó en la rúbrica de la soberbia faena que le instrumentó al cuarto. Ambos de Ángel Sánchez, fue el que abrió plaza un toro frío de salida y al que terminó encelando con Joselito, con el que clavó dos rejones de castigo y, sobre todo, tiró de la paciencia precisa hasta extraer el buen son y la fijeza que terminó desarrollando. Tuvo el hándicap de su querencia a tablas, pero no fue ello merma para Ventura que alcanzó lo mejor de esta primera faena en las banderillas al quiebro con Lío. Arriesgó llevando el encuentro al roce mismo de los pitones del ejemplar de Ángel Sánchez, adonde Diego se asomó para quebrar y clavar. Colocó tres banderillas cortas con Remate con el burel ya más por los adentros y cobró un rejón entero, que fue determinante.

Justo fue esto, dicho queda, lo único que no estuvo a la altura de su actuación ante el cuarto, un toro encastado y exigente, que salió con pies y pidiendo credenciales y ante el que se ha descubierto Velásquez, por su corazón para plantear los embroques tan al límite y su seguridad tan impropia de su juventud. El nivel de la faena se disparó a la salida de Nazarí, prodigioso en el toreo por dentro, tan hilado el burel al estribo del rejoneador, que le dio hoy una vuelta de tuerca más al sentido y a la aplicación del temple a los toros. Tuvo emoción el envite por el pulso privilegiado que Ventura le imprimió a la embestida encendida del bravo. El milagro del temple que encarna Nazarí adquiere visos de genialidad en Bronce, con el que, una tarde más, invadió Diego los terrenos que, por lógica, son del astado, pero que él conquista y hace suyos con una seguridad sencillamente alucinante. Después de dos banderillas cortas al violín, se sucedieron varios pinchazos con el rejón de muerte, que le quitaron de las manos las dos orejas que ya casi tenía.

  • Crónica: web oficial Diego Ventura.
  • Foto: Agustín González Arjona.

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