El sueño eterno de una noche de primavera

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“Parece que es la hora, y no es la hora. Parece que está todo… y algo falta. Parece que la alcanzo y es más alta. Parece que se acerca, y se evapora”.

Es Domingo de Ramos. Las palmas inundan las calles de La Puebla mientras el sol impone su autoridad en el balcón del Guadalquivir. Todavía huele algo a azahar. El incienso inunda los ansiosos olfatos del personal inquieto, que ve que la espera ha llegado a su fin. Setenta músicos suben a un autobús para llenar de sones cigarreros los rincones andaluces. Sonará la saeta jerezana en su cuna interpretada por primera vez por La Puebla. Fajas, costales, zapatillas y mentes listas para llevar al Señor y su Madre por las calles de Sevilla. El Amor, San Roque y la portentosa zancada del Desprecio de Herodes serán los primeros sellos costaleros de La Puebla en la nómina sevillana.

“Llámate, Mateo. Más la izquierda alante. Bueno”. La voz de Manuel Villanueva, la voz del martillo de Sevilla, se cuela entre el silencio de San Andrés para entremezclarse con el canto de los vencejos y las campanas fúnebres que envuelven al instante de la salida de Santa Marta. La única cuadrilla profesional de la Semana Santa de Sevilla, con identidad cigarrera en sus trabajaderas gracias también a Juan Jamardo y Carlos “er colino”. De mármol a mármol. Una identidad que se siente hasta en el sonido de una pértiga desde El Museo.

Son las cuatro de la tarde. La Calzada en su gran fiesta. “Dios te saaaalve, Maaaría. Llena eeeres de graaacia”. La antigua calle Oriente estalla en aplausos para la salida de la Virgen de la Encarnación Coronada mientras suena La Puebla. Con qué fuerza vienen los cigarreros este año. Todo ello, después de dejar el listón bien alto en otra dos grandes plazas, Jerez y Huelva. Los sones cigarreros, recuperando poco a poco prestigio en la capital a base de trabajo y constancia. Los Jardines de Murillo también se tiñen de pisadas cigarreras. Salud, esa advocación tan reclamada en estos días.

Es Miércoles Santo. El ecuador de la Semana Santa. Una voz aljarafeña manda a hombres cigarreros en el corazón de la ciudad. Barrio de San Vicente, desde donde horas antes, cigarreros escuchan el tambor ronco de la Centuria Romana Macarena. También por San Martín se siente La Puebla. Y, por supuesto, en el torero barrio de San Bernardo, en esa idílica relación de los costaleros cigarreros con la familia Villanueva.

Casualidades de la vida. Los secretos de la Semana Santa. Suena “El Corpus” en la antigua Fábrica de Tabacos para la salida del imponente palio de la Virgen de la Victoria de Las Cigarreras. El Corpus, Las Cigarreras. Hombres cigarreros bajo las trabajaderas de ambos pasos. ¿No viene demasiado a la cabeza La Puebla? Es la magia de las cofradías.

Suena la saeta y viene andando Dios. El Señor de Sevilla. La noche más hermosa de la ciudad. Ese rachear reposado. El movimiento de la túnica. La ciudad y sus cosas. Se paraliza el tiempo. El Gran Poder y su histórico vínculo con La Puebla del Río. Solo los que van ahí debajo lo saben.

Y llega el día grande de la Semana Mayor. Las calles de La Puebla se despiertan de forma diferente. Con austeridad, en silencio. La elegancia de la cofradía Servita es incalculable. Dos auténticas joyas de la provincia como titulares y un momento histórico que los veteranos del lugar recuerdan con nostalgia. Los varales rozarán los balcones al son de “Amarguras”. Retrocederemos prácticamente 20 años en el tiempo. Día de estrenos tras un año truncado por la lluvia. Y la sensación del “todo se ha consumado” cuando se cierran las puertas de la Parroquia. Las gracias por lo vivido y la esperanza de volver a vivirlo al año siguiente.

Pero todavía falta algo por disfrutar. Los Servitas, la cofradía elegante por antonomasia en la ciudad, también nos muestra un sello cigarrero en el andar de su primer paso, así como desde la Ronda de María Auxiliadora, con el Decreto y Cinco Llagas. Todo ello a las puertas de la Resurrección del Señor. La causa y consecuencia.

Tan efímero, que fue un sueño. Un sueño del que, al despertar, nos llenará de nostalgia a todos, puesto que quedará un año para vivirlo en plenitud. Un sueño del que debemos quedarnos con la esperanza de lo interior, lo sentimental, lo emocional. Y pedirles a quienes acompañamos que nos permitan volver a hacerlo con plenitud de salud en 2021. Nos toca vivir la Semana Santa de forma íntima y en nuestras casas. Porque, como rezan los versos de Antonio García Barbeito al iniciar este artículo, “parece que se acerca, y se evapora”. Pero volverá.

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