El encierro se hace grande

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La Puebla vivió una jornada inolvidable con el tercer encierro en honor a San Sebastián.

Majestuoso. De enormes dimensiones. Épico. Así se podría calificar el día que vivió La Puebla en honor a su patrón, San Sebastián, con la tercera edición del encierro promovido por Morante de La Puebla, en colaboración con el Ayuntamiento de la localidad. Unas 20.000 personas se dieron cita en la localidad durante todo el día para asistir a un evento que se ha hecho grande y se ha consolidado a nivel, incluso, nacional.

Desde primera hora de la mañana se respiraba un gran ambiente en las calles principales de La Puebla. Los bares no paraban de atender a personas en los desayunos, los músicos se preparaban, los grupos organizados de amigos cigarreros como ‘Los Mentefrías’ o ‘Toreros del Poyetón’ comenzaban a hacer acto de presencia, sonaba la música de Los Romeros en la megafonía principal…Cigarrerismo por los cuatro costados.

La megafonía se apagó cuando sonaron los tambores de la Banda Municipal. Como no podía ser de otra forma, sonó por primera vez en la calle ‘Maestro Laureano’, un pasacalles cigarrero, para que, acto seguido, ‘La Orgia Dorada’ con su “Soldadito español” hiciera las delicias de los presentes. Por el otro lado del recorrido del encierro llegaba el incansable Silva con su ejército de niños y cornetas. A los pocos minutos, el patrón San Sebastián le ponía solemnidad al acto al realizar su salida desde la parroquia a los sones de ‘Hiniesta’, del maestro Peralto. Esa solemnidad se transformó en júbilo cuando el patrón subió la rampa que daba paso al altar desde donde presidiría, un año más, el encierro.

Se entonó el canto al patrón. Se guardó un minuto de silencio por los cigarreros que verían desde el cielo el encierro. El párroco rezó una oración por San Sebastián. No cabía un alfiler en la calle, ni en balcones, ni en las azoteas de la calle larga. “Que bote La Puebla”. Botaron todos. Había una calma tensa porque el protagonista del chupinazo se retrasó unos minutos. La expectación creció cuando la Policía abría paso a Morante y, detrás suya, apareció Joaquín Sánchez. El futbolista del Real Betis subió al balcón y lanzó el cohetazo. La calle se despejó y la gente se agolpaba en los laterales. Cohetada y salida de los astados desde el solar. Encierro limpio y rápido, puesto que en 02:35 se completaría el recorrido. La Puebla lo vivió, una vez más.

San Sebastián, satisfecho por lo vivido, volvía a la parroquia. Charangas amenizaban las comidas de cigarreros, que se organizaron en grupos a lo largo de la calle. Ambiente festivo. Los bares hicieron el agosto ante la visita de millares de visitantes. Son días de los que gusta escribir, días que todos esperan que se repitan eternamente. Alguno hasta entonó en varias ocasiones el ‘Gora San Sebastián’. “Salud y suerte, para el año que viene volver a verte”, concluía la última de las sevillanas ideadas por Juan Ventura en torno al patrón. Que San Sebastián la reparta en toda la localidad y el cuarto encierro sea, aun si cabe, más grande.

Foto: Recacha&Hurtado.

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