La mediación como alternativa al juicio

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Por Germán Osuna Sánchez.

La mediación, como sistema de justicia alternativo, es definido por su ley como aquel medio de solución de controversias, cualquiera que sea su denominación, en que dos o más partes intentan voluntariamente alcanzar por sí mismas un acuerdo con la intervención de un mediador.

La mediación, como figura jurídica ha existido desde tiempo ha, pero es en 2008, cuando la Unión Europea la impulsa a través de la Directiva 2008/52/CE como un método extrajudicial para la solución de conflictos transfronterizos entre los países de la Unión. La Ley 5/2012, de 6 de julio, de Mediación en Asuntos Civiles y Mercantiles, incorpora al Derecho español la Directiva ya mencionada, a la vez que cumple con la previsión de la disposición final tercera de la Ley 15/2005, de 5 de julio por la que se modifica el Código Civil y la Ley de Enjuiciamiento Civil en materia de separación y divorcio, en que se encomendaba al Gobierno la remisión a las Cortes Generales de un proyecto de ley sobre Mediación.

Legalmente son cuatro los principios informadores de la mediación. Primero, la voluntariedad y libre disposición, puesto que las partes son las que deciden someterse al proceso mediador y terminarlo en cualquier momento, aun si haber llegado a un acuerdo. La igualdad de las partes, garantizándose la igualdad de oportunidades y el equilibrio de quienes intervengan. Tercero, la neutralidad en la actuación del mediador, concretada en dos elementos básicos como lo son la equidistancia, entendida como el otorgamiento de las mismas posibilidades a todas las partes involucradas, y la imparcialidad, como falta de prevención a favor o en contra de alguno de los protagonistas. Y cuarto, la confidencialidad del proceso, que impiden a las personas que participen en el mismo revelar la información obtenida en el procedimiento, salvo la excepción penal recogida en la ley.

Apartándonos de previsiones legales, la mediación se basa en la oportunidad que nos ofrece el conflicto. Lo que generalmente se nos presenta como algo negativo, es en teoría mediadora una oportunidad. Oportunidad de mejorar la relación que subyace del mismo, oportunidad de mejorar como personas. La mediación no esquiva el conflicto, lo afronta y lo supera. Por ello se basa en el espíritu colaborativo, no en el adversarial. En la mediación ambas partes ceden en algo para ganar en otro.

Es un proceso autocompositivo, esto es, son las partes las que a través de una negociación integrativa buscan una solución que satisfaga a ambos. Por ello la figura del mediador no está envestida de aquella autoritas del juez o el árbitro. No aporta la solución, la posibilita. Mejora la comunicación, actúa de catalizador, depura el mensaje de las partes, desecha lo negativo, enfatiza lo positivo. Impulsa el proceso cuando queda bloqueado, pero en ningún caso adopta la solución, es un gestor del procedimiento.

El hecho de que las partes se involucren de esta manera en la búsqueda de la solución, hace que el acuerdo alcanzado sea cumplido en un alto grado. Y en todo caso, el acuerdo tiene efecto vinculante para las partes (pacta sunt servanda, lo pactado obliga). Además existe la posibilidad de ser elevado a escritura pública, por lo que en caso de incumplimiento, se instará directamente un proceso ejecutivo.

Por otro lado, hablamos de un instituto jurídico altamente flexible. No se rige por rígidas leyes procesales, por lo que se puede adaptar a las necesidades de las partes. Otras ventajas frente al proceso judicializado, es su rapidez y el menor coste económico. Por si fuera poco, se trata de un proceso menos traumático, pues es notoria al alteración que puede producirnos enfrentarnos a la solemnidad del juzgado, frente a la privacidad de la mediación.

La mediación es presente, pero sobre todo futuro. De hecho, está transcendiendo del ámbito familiar, donde más aplicabilidad había tenido hasta entonces. Ya hay aseguradoras que utilizan la mediación para arreglar los desacuerdos entre sus clientes y posibles terceros en relación a la cuantía de la indemnización a percibir. Y en el derecho del consumo y relaciones mercantiles, puesto quienes afrontan la controversia colaborando para solucionarla, mantendrán generalmente la relación, comercial o empresarial, algo que no ocurre cuando se enfrentan y una de las partes gana a la otra.

Como se afirma en el preámbulo de la Ley de Mediación, ésta se ofrece para dar soluciones prácticas, efectivas y rentables a determinados conflictos entre partes. Pero ello exige un cambio cultural en los potenciales usuarios, nosotros, que vivimos el conflicto como disputa, cuando la mediación lo presenta como oportunidad, exigiendo una toma de conciencia y un espíritu colaborativo que nos oriente a la solución.

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Posted by - 09 de septiembre de 2016 0
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