La sonrisa de la vida

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La cigarrera Alicia Costales ha logrado vencer al cáncer de mama y cuenta cómo la enfermedad cambia su vida.

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Este miércoles es 19 de octubre, fecha en la que se conmemora el día contra el cáncer de mama, enfermedad que se manifiesta en 1 de cada 8 mujeres. Alicia Costales Corzo, cigarrera, fue una de esas luchadoras que logró superarla. Asumió su reto y combatió día a día para curarse hasta que lo ha conseguido. En esta entrevista nos cuenta su experiencia y cómo el cáncer de mama le cambió la vida.

¿Cómo te diste cuenta de que tenías algo “raro”?

Fue por casualidad, por eso creo que tiene mucha importancia la autoexploración. Me noté algo raro en la ducha. A raíz de eso, me subió la prolactina, empecé a echar un fluido por el pecho y comenzó a retraerse el pezón. Todo ese proceso llevó un año y medio hasta que me lo detectaron.

¿Cómo te informaron de la enfermedad? ¿Qué reacción tuviste?

Me informaron en el Hospital Virgen del Rocío a raíz de una serie de pruebas en las que no me salía nada anómalo, pero yo sabía que tenía algo malo. Salí del médico y le dije a mi madre que no me había quedado tranquila. Fuimos a un privado y allí me lo detectaron al hacerme una ecografía, la cual es muy importante para las mujeres jóvenes, ya que al tener una mama más densa no basta con la mamografía, hay que ir más allá.

Mi reacción fue decir: ¿Qué tengo que hacer? Me entró una fuerza interior de luchar. Me vine arriba, ya que vi a mis padres llorando. Les dije que había Alicia para rato.

¿Qué le dijiste a tu familia y amigos y, en especial, a las niñas pequeñas?

Las niñas, tarde o temprano, se iban a dar cuenta de lo que tenía. Entonces, mi marido y yo planeamos un juego en el cual las niñas cogieron unas tijeras y les dijimos que jugaríamos a los peluqueros. Me compré una peluca y les expliqué que iba a cambiar de look. Ellas lo tomaron como un juego, ya que me tenían que ver en verano sin peluca o pañuelo. Les gustó porque se lo pasaron muy bien.

¿Qué cambios produjo la enfermedad en tu vida?

Muchos. Lo principal es que no puedes planear nada a largo plazo, tienes que vivir hoy. Cada mañana que te levantes es hoy. Yo soy una persona a quien le gusta mucho planear las cosas, y con la enfermedad me di cuenta de que no puede ser así. Hay días que te levantas muy bien y otros en los que el tratamiento no sienta bien. Te tienes que adaptar.

¿Qué papel juega la psicología en la enfermedad?

Un papel fundamental. La psicología es clave, ya que tienes que tener muchas ganas de luchar día a día. Si tú caes, se derrumba todo. Es muy importante rodearte de gente positiva para que te animen. En definitiva, un ambiente de positividad.

¿Cómo se desarrollaron las diferentes fases del tratamiento?

Pasas por cuatro fases: negación, ira, miedo y aceptación. Cuando te lo dicen, piensas que por qué te ha tocado a ti. La ira es porque te enfadas con el mundo, pero cuando fui al hospital aprendí que hay que darle gracias a Dios ya que siempre hay gente peor.

¿Hubo momentos de derrota? ¿Cuáles fueron?

Personalmente, la quimio me sentó regular. De hecho, en la última fase de la quimio las piernas me fallaron y tuve que llevar muletas para poder andar. Hay momentos negativos, el mío era la ducha. Luego salía de la ducha y me volvía a animar. Siempre intenté tirar hacia delante.

¿Cómo era tu día a día en pleno tratamiento?

Era muy gracioso. Teníamos que salir a las 8 de la mañana. Nos arreglábamos muy bien, algunos días incluso me ponía el traje del Corpus (risas). Le decía a mi marido que nos fuéramos a un centro comercial y nos hartáramos de comer. Vivía el día como si fuera de fiesta, ya que entras en oncología y después mandan el tratamiento a farmacia, donde tardan unas horas en tenerlo listo. Por ejemplo, salía a la una y media y volvía a las cuatro de la tarde. Ese tiempo lo pasábamos muy bien. Después salía agotada.

¿Cuándo empiezas a ver la luz al final del túnel?

En la última quimio. Venía en el coche después de la última sesión llorando a lágrima viva porque se había acabado. Había pasado mucho pero ya se había acabado. Nos creemos que cuando estamos malos nunca vamos a ser personas normales, pero pasando un proceso puedes volver a serlo.

¿Te ha costado volver a ser como antes de tener la enfermedad?

Nunca voy a ser igual. Sales muy reforzada de la enfermedad, con mucha sabiduría, te das cuenta de todo y lo valoras todo mucho más. Le sacas el jugo a la vida. La enfermedad me ha engrandecido como persona.

¿Sigues algún tipo de tratamiento post enfermedad?

Estoy recién operada, ya que me hice la reconstrucción de mama, la cual recomiendo a personas jóvenes porque es muy positivo para ellas. Te ves igual que eras antes. Además, me tengo que llevar diez años tomándome una pastilla, aunque si te soy sincera me la tomaría toda la vida, ya que es un seguro. Mi tipo de tumor, después de ser muy agresivo, tenía un tratamiento muy específico, entonces en mi caso es más longevo.

¿Qué le dirías a las mujeres que padecen ahora la enfermedad de la que tú saliste?

Que esta enfermedad, por muy dura que parezca al mundo exterior, se supera. Concretamente, tiene un 95 por ciento de recuperación si te lo detectas a tiempo. Es un cáncer que, dentro de los malos, es de los mejores. Es muy importante la autoexploración y la atención. Por último, les diría que la vida es muy bonita y a mí me ha dado fuerzas la pasión que tengo por vivir. No debemos caer, sino seguir luchando.

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