Magia de Morante de La Puebla en Gijón

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El cigarrero desoreja al cuarto de la tarde y forma un auténtico lío en El Bibio.

Morante de La Puebla destapó el tarro de las esencias en Gijón y desplegó todo su arsenal de arte y torería. El maestro cigarrero se entregó, dejó detalles de toreo añejo tan característico en sus actuaciones y apostó por el cuarto de la tarde antes que nadie. Las dos orejas rubricaron una gran tarde de Morante en El Bibio, entregado ante el de La Puebla. El Juli cortó dos orejas y la espada impidió la puerta grande de Pablo Aguado en una tarde de las grandes para la tauromaquia.

Mundotoro

No se dejó torear con el capote el primero de la suelta, pero Morante se dobló con él en el inicio, de una forma que ya no se ve, y fijó al toro al tiempo que concentró la atención del tendido. Con esa técnica privilegiada, que tapa con esa insuperable expresión, estiró en cada muletazo la embestida del animal hasta acabar toreando al ralentí por el pitón zurdo en dos series de naturales extraordinarias. Hasta el modo de cuadrar al animal fue diferente. Pinchó en una ocasión antes de la estocada definitiva y por eso sólo saludó.

El cuarto, más fuerte, se vino cruzado de salida y no terminó de soltarse de los vuelos pero Morante apostó por el animal en el último tercio y, tomándolo muy en corto, logró que rompiera para delante. Tuvo la faena esa expresión inigualable que le pone el genio de La Puebla a todo cuanto hace, y los acordes del Concierto de Aranjuez crearon una atmósfera mágica, propia de los grandes acontecimientos en esta plaza. Se fue detrás de la espada con fe, rodó el toro sin puntilla, y las dos orejas fueron pedidas de modo unánime.

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