Morante bendice a Pablo Aguado en la Goyesca de Ronda

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El cigarrero, que cortó una oreja, regaló el sobrero a su compañero.

Emilio Trigo || Cuarto Tercio

Era uno de los días marcados en rojo en el calendario taurino de este 2019. Como pasa todos los años Ronda, por un día, acapara toda la atención en su tradicional y extraordinaria Goyesca. Muchos factores rodeaban la tarde, un adelanto de fecha muy polémico sacando la Goyesca por primera vez del mes de septiembre, la ausencia de Roca Rey y el primer mano a mano entre dos toreros diferentes al resto por poseer un sabor que solo tienen los escogidos, Morante de la Puebla y Pablo Aguado.

Se llevó la tarde el más joven y debutante en Ronda, Aguado, gracias a la generosidad de un Morante de la Puebla que le regaló el sobrero de Domingo Hernández a Pablo Aguado para el deleite de los allí presentes, ya que se volvió a ver al Aguado deslumbrante de esta temporada. Los toros titulares de Juan Pedro Domecq dejaron mucho que desear frustrando las faenas de ambos diestros.

Morante, recibió al abreplaza con sentidos lances. Jugó muy los brazos a la verónica componiendo un recibo de altura. Posteriormente, el quite por delantales también tuvo son y prestancia. Un toro al que se picó lo justo, nada de castigo. El cigarrero construyó una faena de retales y pinceladas pero sin poder alcanzar cotas elevadas. Hubo alguna tanda relevante por el pintón izquierdo por donde surgió el natural con templanza. Todo ante un noble astado al que faltó poder y transmisión. Silencio.

En su segundo toro, lo mejor llegó en la faena de muleta. Morante plasmó una labor repleta de torería donde surgió el toreo muy lento. El Cigarrero dibujó el toreo con la muleta en la izquierda donde se enroscó al toro llevándolo muy largo.  Hasta detrás de la cadera llegaron los naturales sentidos y dormidos. En el toreo fundamental, también hubo ajuste y temple en series con ritmo y ligazón.

Todo lo hizo el cigarrero a favor del toro para ayudarlo a embestir -un Juan Pedro que sacó fondo y justa transmisión – y al que cortó un apéndice tras tres pinchazos y un aviso. Faena que brindó al político Abascal.

No hubo recibo destacado ante el quinto. Un toro que se venía cruzado en el percal y que no colaboró en el trato inicial. Tras la inexistente suerte de varas llegó el salto de la garrocha por parte de Raúl Ramírez. Morante brindó al respetable con la ilusión de ahormar faena pero después de los primeros tanteos todo se esfumó. El último del lote echó la persiana y Morante tampoco porfió más. Con la espada estuvo muy desafortunado. Silencio.

En el segundo de la tarde bordó el saludo a la verónica el sevillano Aguado. Pablo se sintió en cada lance, durmió las muñecas y despertó pasiones en la Maestranza. Cuajó un saludo de antología. Lástima que sólo duró eso el de Juan Pedro puesto que a partir de ahí se vino a menos. Acusó aún más su endeblez después del precioso galleo por chicuelinas para meterlo en el jaco. Por cierto, testimonial. El segundo no dio opciones en el último tercio puesto que casi no tenía en pie. Pincelas, gotas  de artista y sin más posibilidades. Ovación.

En el cuarto Aguado se desmayó en un recibo de cante grande. Toreó muy lento, acompasando la cintura en cada maravilloso lance. La media de cartel para futuras Goyescas. Pablo formó un revuelo en su saludo al cuarto y firmó una faena de menos a más. Su personal quehacer lo inicio ante un toro sin humillar pero la pulcritud en sus formas y acierto en cites y distancias ayudaron a obrar el milagro. El sevillano poco a poco fue tejiendo una labor al alza repleta de torería y naturalidad. No pudo exigir mucho por la falta de clase pero si muletearlo con muchísimo sentimiento de uno en uno. Media algo trasera y oreja.

Tras un sexto toro sin vida al que poco le pudo hacer Pablo Aguado, Morante decidió regalarle el sobrero al sevillano, y fue entonces cuando se desató la locura y las emociones. Fueron once verónicas sublimes, templadas, naturales, encajado en los riñones, meciendo el capote para llegar a los medios haciendo rugir la Maestranza de Ronda como nunca se había visto. Ronda se partió con Aguado, y Aguado con Ronda. Tuvo raza, fuerza, ansia por triunfar. En la muleta también se acopló a la perfección Aguado. Como es algo característico en él, los muletazos fueron los precisos, pero en cada pase se desataba la locura. El toreo a dos manos fue cumbre. Derechazos y naturales como carteles de toros. Y hoy sí, la estocada en los alto y el toro sin puntilla. Dos orejas y los gritos de ‘Torero, torero’ para sacarlo a hombros del coso soñado.

Ficha del festejo:

Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Ronda (Málaga). Segunda de la Feria de Pedro Romero. LXIII edición de la Tradicional Corrida Goyesca. Lleno de “No hay billetes”. Iván García completó una excepcional tarde tanto en la brega como en banderillas.

Toros de Juan Pedro Domecq, desiguales de presentación y juego y Domingo Hernández, el de regalo, noble.

Morante de la Puebla. Silencio, oreja y silencio.

Pablo Aguado. Ovación, oreja, silencio y 2 orejas.

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