Morante lo borda en Cuenca

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Cultoro

El cigarrero desorejó al quinto de la tarde, cuajando una faena de esas en las que muestra todo el esplendor de su tauromaquia.

Morante de La Puebla realizó una de esas faenas que quedan para el recuerdo en el quinto de la tarde en Cuenca. Aunque posteriormente El Juli indultara a “Aguamiel” y lo que ello supone, el maestro cigarrero destapó el tarro de sus esencias en el segundo de su lote y cortó dos orejas.

Andando salió, por cierto, el cigarrero caminito del patio de cuadrillas porque no le sentó bien que la plaza protestara su segunda oreja. E hizo bien porque ejecutó lo que sintió, y ahí radica el ingenio de los genios, lo distinto de los divergentes, lo especial de los artistas. Y en esa espontaneidad en decir que no abandonaba Cuenca a hombros se resume una tarde que bien definió el momento por el que pasa el de La Puebla.

A ese quinto le sopló José Antonio una decena de verónicas de más efectividad que brillantez. Por delantales fue el quite con una media que presidió una labor llena de poesía y valor del torero de La Puebla. Es precisamente esa la virtud escondida de uno de los matadores más valerosos y menos cantados en este campo de la historia. Porque en el querer va implícito el poder, y hoy el valor de José Antonio utilizó la composición estética que su faena supuso para convencer a través del arte. Y eso sólo los genios lo consiguen. Por eso el torero inició para sacarlo de tablas, la parsimonia armoniosa de los compases por la derecha, la ilustración al natural del cigarrero y la entrega en un final de faena ya con la brava condición del de Vázquez venida a menos. Sabor añejo en los ayudados finales y estocada en lo alto. Aguantó el espadazo el animal antes de caer, algo aplaudido por un público que pidió las orejas. Dos con protestas fueron concedidas por el palco, por lo que no abandonó a hombros la plaza.

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