Morante pasea cinco orejas en sus citas del fin de semana

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Cultoro

El cigarrero cortó dos (una más una) en Almería, dos en Sanlúcar de Barrameda y una en Antequera.

Triunfal fin de semana para Morante de La Puebla, que afrontaba tres citas dentro de su particular temporada. En primer lugar, el maestro cigarrero cortó dos orejas en Almería, repartidas en una en cada toro de su lote. Posteriormente, Morante regaló dos orejas en su segundo toro de Sanlúcar, mientras que el domingo tocó pelo en el primero de su lote en Antequera.

Almería

Una terna con Morante de la Puebla, Alejandro Talavante Ginés Marínera la que planteaba la plaza de toros de Almería este viernes para la tercera de la Feria de la Virgen del Mar. Se lidiaban astados de Núñez del Cuvillo para la ocasión.

‘Polvorillo’ abrió plaza para Morante de la Puebla, un astado justo de presencia que metió bien la cara en el pequeño capote del sevillano. José Antonio lo lanceó con particular sello, donde cada sentida verónica recordaba al ‘Pasmo de Triana’. El noble de Cuvillo se desgastó mucho en una brava pelea de varas y salió del tercio tambaleante. Toro que apoyaba mal las manos derrumbándose constantemente y al que Morante acarició en todo momento. Estuvo pausado el de La Puebla y sin querer apretar por esa manifiesta endeblez. Con esos mimbres, realizó una faena llena de prestancia y gracia torera por ambos pitones. Ligazón y cadencia acompañaron cada precioso muletazo. Pinchazo, más de media y oreja ante uno que se dejó con bondad.

‘Galán’ el cuarto de 558 kg. El colorao, abanto, sin fijeza al principio, al Morante saludó con aroma del Guadalquivir. El cigarrero tras derribar al jaco, lo probó -casi sin picar- en un quite de poco lucimiento pero con la premisa de ver sus fuerzas. Morante con mucha torería y ganas de querer construir  faena se puso a limarle las asperezas a su oponte. Le exigió en cada muletazo de tanteo con mando y dominio para imponerse  con criterio. José Antonio una vez ahormado su oponte -manejable- se puso a torear con todo su ser. Faena de gran parangón donde el denominador común fue la torería y el temple, unido a un gran valor sin añadidos, ni alharacas. Valor y mucho toreo ligado, ceñido, acompasado y a la vez barroco. Morante firmó una faena arrebatada que remató con buena espada. Oreja.

Sanlúcar de Barrameda

Las fiestas de la Exaltación del Guadalquivir celebraba, este sábado, la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda. Se lidiaban Toros de El Torero para Juan José Padilla, Morante de la Puebla y Octavio Chacón, que sustituía al herido Cayetano.

Se fue abroncado Morante de la Puebla en el segundo de la tarde, un animal de El torero medido de raza y con geniecito. Ya de capa no lo vio claro el de La Puebla del Río, pero la plaza se vino arriba con el quite de un Chacón que no quiere bajarse del carro al que tanto le costó subirse. Su mecido quite por chicuelinas enardeció al respetable. Todo a media altura pero con un gran sabor, sabiendo elegir los terrenos y querencias para que el animal acometiera con celo. Pero ahí se acabó todo, probó brevemente Morante, pero ni el torero tenía fe en el toro, ni el de El torero raza ni clase para venirse arriba. Se juntaron el hambre con las ganas de comer y el público se enfadó. Se alargó la suerte suprema entre mete y saca y descabellos. Finalmente el público optó por silenciar su labor, eso sí, mostrando su disconformidad con su forma de hacer las cosas.

El toreo es así de imprevisible, de bonito y de grandioso. Si en su primero habíamos visto a un Morante alicaído y sin ganas, en el segundo vimos la otra cara de la moneda. Ante un toro con teclas y exigencia de El Torero, el de La Puebla quiso arreglar las cosas con el respetable y tiró de raza y amor propio. Fue haciendo poco a poco a un toro por el que nadie daba un duro. Poco a poco se fue afianzando el astado, y Morante lo fue sutilmente metiendo en la muleta. Pesó el animal en los trastos, exigió colocación, alturas y distancias. Fue una faena con belleza, estética y un punto de arrebato, pero no pudo ser profunda debido a la embestida a media altura del toro. Se sintieron más a gusto ambos por el derecho, ahí brotaron muletazos con empaque y estética, más de acompañar que de someter, pero enormemente bellos. La faena iba tomando vuelo cuando Morantesacó de su chistera un muletazo el ralentí, un derechazo sublime, de caricia pura, de esos profundos e interminables, dentro de una serie en el que la cadencia marcó la pauta. Por el izquierdo fue poco a poco metiéndolo en el canasto hasta conseguir muletazos de buen trazo. Tuvieron gran torería sus pases por altos, trincherillas y remates. Sin duda, Gracia Toreadora. Bonito y torero fue su final a pies juntos. Morante le daba la vuelta a su actuación. Tras la buena estocada paseó las dos orejas del interesante y agradecido astado.

Antequera

Morante de la Puebla, José María Manzanares y Fortes en sustitución de Cayetano eran los toreros que hacían el paseíllo este domingo en la plaza de toros malagueña de Antequera para la segunda de su Feria taurina. En el cartel, se lidiaban astados de Fermín Bohórquez, Garcigrande y Domingo Hernández para la ocasión.

‘Orgulloso’ con el hierro de Garcigrande, abrió la tarde en la Goyesca de Antequera. Un astado manejable en su conjunto, con movilidad pero soltando la cara o más bien protestando en demasía. El sevillano fiel a su estilo capotero donde el sabor añejo es una premisa, le sopló unas cuentas muy lentas y de compostura antigua. Buen saludo de Morante con el percal y en el mismo tono, el quite, con dos y una media acariciada. El cigarrero -vive una temporada dulce- y eso se aprecia en la cara del toro. Morantetrató al endeble -aunque no paró de moverse- con mucha suavidad en el paño sin dar nunca un cite a destiempo, ni un tirón de más. Faena llena de gracia con la personalidad del genio que se recreaba en cada muletazo. El natural viajó con toda su prestancia en cuatro ocasiones que movieron los cimientos de Antequera. El de La Puebla se fajó con su antagonista a pesar de dos feas coladas que solventó con parsimonia. Quehacer lleno de torería, estocada y oreja.

‘Reportero’ de Bohórquez fue el segundo del lote para el sevillano. El cuarto manseó desde que saltó al ruedo con embestidas huidizas que buscaban su querencia. Morante lo amarró con el capote pero sin poder construir un saludo compuesto. El sevillano quedó inédito también -como manzanares en el segundo- ante un astado, que no quiso embestir y con el que porfió demasiado para tan negada condición. Tuvo que desistir de su pertinacia y estoquear aunque no estuvo fino en la suerte suprema. Pitos del respetable por las circunstancias adversas.

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