Por la puerta grande de un año inolvidable

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Diego Ventura cierra en Jaén otra memorable temporada en su carrera.

Como no podía ser de otra manera, Diego Ventura se marchó a hombros y por la puerta grande de su impresionante temporada 2018 en Europa. La de hoy en Jaén ha sido la salida a hombros número treinta y seis en cuarenta y cinco tardes. Un registro que es mucho más que un mero valor, sino la medida que da cuenta de lo hecho por el torero de La Puebla del Río, capaz de superarse a sí mismo hasta completar la mejor campaña de su vida. La vigésima, la del rabo y los seis toros de Madrid. Historia viva del toreo escrita en tiempo presente para honor y gloria de este tiempo que lleva su nombre y apellidos.

Salió con cierto empuje el segundo, pero se fue viniendo abajo progresivamente hasta derivar en soso. Lo cuidó en el primer tercio y lo atemperó con Nazarí, otra vez clave en la faena al segundo toro, con el que se lució al clavar con limpieza suprema después de vestir los cites con lucidos tierra a tierra. No ayudaba nada el de Terrón y arriesgó Diego Ventura con Fino, primero, batiendo en la distancia más corta y con Quillasdespués, con el que encendió los tendidos con sus levadas espectaculares para llegar al toro y clavar luego de echarse encima de los pitones para salvar lo a menos del ejemplar de Terrón. Mantuvo al más alto nivel la conexión con el tendido al sacar a Remate, tanto al ejecutar las suertes, ya con las cortas, ya con las rosas, como al vestir el preámbulo de cada embroque, sobre todo, con las corvetas finales. Cobró un pinchazo hondo primero y otro ya definitivo, el corolario que le valió las dos orejas y, con ellas, su trigésimosexta puerta grande de la temporada europea.

Manseó de salida el primero de Terrón, al que Diego dejó un solo rejón de castigo con Lambrusco. Ya en banderillas, no se anduvo con tiempos muertos y puso en liza a Lío para dejar tres banderillas al quiebro de electrizante emoción y de gran pureza, porque, tras citarlo de muy lejos y dándole la ventaja de su querencia al burel, galopó decidido hacia él para frenarse justo en la cara, metido de lleno en su terreno, quebrarle sin solución de continuidad y clavar. Ya ahí había tornado Ventura en calor de julio el ambiente lluvioso de octubre de hoy en Jaén. Como tornó las posibilidades esperadas del toro, al que cuajó por encima de lo posible. Primero, conduciendo de costado a milímetros del estribo, no ya exprimiendo, sino multiplicando por más de lo que cabría pensar la embestida del ejemplar de Luis Terrón. Y luego, al ejecutar muy en la corta distancia, con la cara de Nazarí metida entre los pitones y en una exhibición de poder y de capacidad como es propia del rejoneador cigarrero. Que se gustó luego ya con Remate en las cortas, pero que pinchó con el rejón de muerte, e incluso, tuvo que descabellar, lo que le privó de obtener premio.

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