¿Por qué hay porteros en el fútbol?

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Cuántas veces has escuchado o incluso dicho: “El entrenador no pone a mi hijo en su posición”.

Su posición. Como si fuera algo que le perteneciera por derecho propio.

Hace unos días vi un video del educador, escritor y conferencista británico Sir Ken Robinson que ponía en entredicho el método utilizado por las instituciones formativas de nuestra sociedad.

Hablaba de la máquina de hacer churros en la que se ha convertido nuestro sistema educativo, produciendo, como en la película de Charles Chaplin “Tiempos Modernos”, autómatas que sigan engrasando la maquinaria de hacer dinero sin tener en cuenta el talento del alumnado y por ende, provocando el desaprovechamiento de las virtudes más acentuadas de cada uno.

En el fútbol ocurre algo muy parecido. No hay ningún jugador en el planeta que no jugara de pequeño en una posición y terminara en otra. Incluso lo podemos ver en futbolistas de primer nivel que a medida que pasan los años retrasan o adelantan su posición aprovechando la falta de algunas cualidades ya extintas y utilizando algunas nuevas, como la táctica o la inteligencia dentro del campo adquirida gracias a su experiencia.

Es cierto que a medida que pasan los años el futbolista empieza a definirse en función de unas características físicas innatas–velocidad, fuerza, potencia, técnica,…– y por una concepción del propio juego que va más en el ADN que en sus botas –capacidad goleadora, visión de juego, inteligencia táctica,…–, pero hasta la hora de empezar a determinar su posición, es una instrucción valiosísima que juegue y pruebe en todas las demarcaciones posibles para no sólo descubrir cuál es su lugar en el campo, sino también para conocer y contrarrestar de la mejor forma posible las cualidades y patrones de juego que tendrá su adversario en un futuro.

Nos preocupamos mucho de qué debemos decir o cómo debemos actuar, pero no lo hacemos a la hora de escuchar; y cuando digo escuchar hablo, en el caso de los más pequeños, de entender y descubrir qué quieren de verdad, cuáles son las verdaderas habilidades que tienen y que están “silenciadas” ante los oídos del sistema formativo de “haz lo que yo te diga”. Por muchos partidos que haya visto el padre por televisión o jugado con los amigos –yo también he visto muchas películas y no sé cómo se hace una– ni siquiera él sabe dónde jugará su niño.

A veces creemos que el padre/madre es el mayor valedor de su hijo y en ocasiones, es el que menos aporta… por ponerlo suave.

Estoy seguro de que la disciplina, la constancia en el trabajo repetitivo para mejorar o los procedimientos que atienden al buen funcionamiento del equipo son indispensables para la correcta formación de los jugadores, pero no olviden que esto, al final, es un espectáculo y los genios no se crean, se descubren; y a pesar de que no todos van a serlo, sí es cierto que para llegar al selecto mundo del fútbol tienes que tener algo de artista.

Y no lo olviden, disfruten del partido.

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