Rabietas

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Comportamiento que aparece en los niños y niñas hasta los 4 años.

Hablamos hoy de un comportamiento común que aparece entre los 12 y 18 meses de edad, alcanza su cumbre entre los 2-3 años y suelen desaparecer normalmente hacia los 4 años.  Forma parte del proceso de identificación del niño, está aprendiendo que es una persona distinta de sus padres, y este es uno de sus métodos para reafirmarlo.

Los niños utilizan las Rabietas para liberarse de la frustración que les genera, no conseguir sus intereses debido a la incapacidad de argumentar ya que aún no tienen vocabulario suficiente para expresar sus deseos y poder conseguir sus objetivos.   Estos fines van a variar de forma dependiendo del momento y del lugar. (Pensemos en supermercados, tiendas de juguetes, parque, baño, ir a la cama…).

Para los adultos,  suelen ser conductas muy molestas ya que son caracterizadas por llanto, gritos, pataleta incluso pueden darse muestras de agresividad, dependiendo de la manera de gestionar de cada niño/a.

En muchas ocasiones, por falta de tiempo, comodidad o cansancio ante estos episodios cedemos, dando al niño/a lo que quiere, por lo que la rabieta termina fácilmente. Pero los pequeños aprenden algo muy valioso para su costumbre, que podría traducirse en “Si monto el pollo, consigo lo que quiero”, por lo que la próxima vez que quiera algo su camino, va a ser el mismo, la rabieta.

Si esto ocurre reiteradamente, el niño seguirá poniendo a prueba nuestra paciencia, aumentaran las situaciones en las que aparece este comportamiento y es probable que también aumente la intensidad y el nivel de exigencia. Ya que le funciona para obtener lo que quiere.

Por lo que os propongo otra manera de gestionar las rabietas, que nos ayudará a sobrellevar mejor la situación y el niño aprenderá adecuadamente a gestionar sus necesidades. Veamos los pasos:

  1. ESCUCHAR: Las rabietas suelen tener un motivo, forman parte de la frustración que siente el niño/a al no sentirse comprendido. Por lo tanto debemos preguntar para enterarnos de qué es lo que le hace sentir así.
  2. COMPRENDER: Nos toca a los adultos empatizar, poniéndonos a su altura y mirando a los ojos, debemos intentar comprender el motivo que nos exponen. Esto hará que el niño/a se sienta comprendido y sentirá que nos interesamos por él, por lo que aceptará mejor la decisión que tomemos.
  3. EXPLICAR: Es nuestro turno de palabra y exposición, debemos de argumentarle por qué no es lo más indicado en ese momento o no es la mejor forma de hacerlo.
  4. PROPONER: Se quedaran mucho más convencidos, si proponemos una alternativa a la conducta que quería. Le hará aprender y entender que hay más de una forma de conseguir las cosas. Y evitará el sentimiento de frustración que deja el todo o nada.  Sentirá  que tiene poder de decisión, ya que al ser una propuesta no la debemos imponer. Nosotros daremos la nueva idea, y el mismo decidirá tomarla. También podemos preguntar si tiene otra idea mejor, para hacerle partícipe del proceso.
  5. REFORZAR: Una vez haya pasado el episodio, es conveniente reforzar con verbalizaciones y muestras de cariño, cómo nos ha hecho sentir, lo orgullosos que estamos del resultado final, o lo agradable que ha sido el paseo debido a su comportamiento.

Hemos de tener en cuenta que trabajamos con un hábito, esto es algo que el niño tiene muy interiorizado y aprendido, por lo que cambiar este comportamiento llevará tiempo. Pero a largo plazo los resultados serán muy beneficiosos.

El reforzador social tiene un gran poder, y hace sentir bien a las dos partes, subirá la autoestima del niño/a y como toda conducta reforzada positivamente, aumenta la probabilidad de que la conducta que hemos escogido como correcta se repita en situaciones parecidas.

¿Tienes algún caso relacionado sobre el que tengas dudas de cómo resolver?

Comenta y comparte tu experiencia, te ayudaremos a resolverlas

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