Sin premio para Morante en Córdoba

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El maestro cigarrero fue ovacionado en su primero y pitado en el segundo.

Mundotoro

Andrés Roca Rey paseó la única oreja del arranque de la Feria de la Salud de Córdoba, merced a una labor lleno de mando, poder y quietud frente al mansurrón y violento sexto de un encierro falto de casta y transmisión de Zalduendo, que imposibilitó el triunfo de la terna. Morante saludó una ovación en el primero, con el que pudo esbozar templados derechazos y tres naturales de cartel, mientras que Manzanares fue ovacionado por partida doble después de dos faenas con altibajos en los que pudo dejar muletazos con la elegancia que caracteriza su embroque con la muleta.

El primero de la tarde fue un ‘Zalduendo‘ largo y algo cariavacado, que no llenaba su caja del todo, pero bien presentado. Serio. Morante lo torea a la verónica con cadencia, meciendo las manos y ganando terreno en cada lance. Cumple en el peto, pero se atisba que tiene poca fuerza. Se lo deja crudito Morante. En banderillas, pasa sin pena ni gloria. Morante comienza su faena en la segunda raya del tercio. El sevillano lo deja muy a su aire, sin atacarlo. Sigue habiendo run-run en el tendido por la fuerza del toro.

Sin embargo, el de La Puebla mantuvo su confianza en el toro y comenzó a torearlo en redondo. Sin apenas perderle pasos y templando mucho la embestida del toro a media altura. El animal parece que va a más y no ha vuelto a claudicar. Se echa Morante la franela a la zurda y deja tres naturales largos, profundos. El tendido responde. Sin embargo, al retomar el toreo por la derecha no hay la misma intensidad y el sevillano opta por tomar el camino de la espada. Pinchazo y estocada. Ovación.

Corpulento‘ hizo honor a su nombre y, en cuarto lugar, exhibió mayor trapío que los tres toros de la primera mitad del festejo. Lo paró Morante, sin opciones de lucimiento, porque el animal reponía en los engaños en todo momento. Se dejó pegar en varas y esperó en banderillas. Fue la antesala de un último tercio en el que Morante no pudo apenas ni estirarse con la muleta. Cada vez más corto, Morante lo probó por ambos pitones, pero no había nada que hacer, porque el animal daba un paso y se frenaba en seco. Nunca pasaba. Se le atragantó la suerte suprema al sevillano, que escuchó pitos tras el arrastre del deslucido astado.

Foto de Juan Manuel Vargas

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