Un pregón de corazón

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Juan Villegas ofreció una lección de humildad y sentimiento rociero.

El pregón del Rocío 2016 de Juan Villegas fue un pregón escrito desde el corazón. Todo su contenido tuvo un sentimiento innegable, verdadero, como el amor que profesa el pregonero por la Blanca Paloma. Y por sus cofradías, que también hubo tiempo para ello, levantando al público con dichos versos. Fue un texto en el que se hacía un recorrido por la vida rociera de Villegas y por el camino de la Hermandad de La Puebla, ese que empezó a hacer aquel día y que ya seguirá haciendo hasta la eternidad.

Juan Villegas es una persona que derrocha humildad. Como él mismo indicó, puede que no goce de las cualidades que según él debe tener un buen pregonero del Rocío, como ser poeta, tener buena oratoria y ser rociero. Pero a los presentes le demostró que no es así. Porque a pesar de que su sentimiento rociero no vino de herencia, Juan Villegas ha iniciado una herencia rociera en su familia, tanto que ya no faltan a ningún Rocío. Porque a pesar de no considerarse orador y poeta, Juan Villegas puso en pie a la Parroquia con sus versos hacia la Virgen de los Dolores y la Virgen del Rocío en una demostración de amor a la Madre de Dios y a La Puebla. Ante eso, no queda otra que aplaudir.

El pregón de Juan Villegas tuvo recuerdos para muchos que ya no están y que han trabajado mucho por engrandecer el Rocío en La Puebla. Francisco Garamendi, Faustino Cabello, Pedraza, José García, Carmen ‘la goma’, ‘el Churri’ o sus padres rocieros, como él mismo recordó, Pepe Frasco y Mari Pepa Moya. Igualmente, Juan Ramón, Melena, los Cantares, Vicente, Luis ‘el Porro’ o su Suzuki, que, aunque no es persona, es el más rociero del mundo. “No arrancaba en todo el año y llegaba el Rocío y lo hacía a la primera”.

En definitiva, el pregón de Juan Villegas, como decimos al principio de este artículo, es un pregón de corazón. Como de corazón fue el agradecimiento a la Hermandad de Coria, madrina de La Puebla. Porque con el corazón hace el pregonero el camino del Rocío cada año, desde finales de los 80, y así lo seguirá haciendo junto a su familia. Por todo ello, no cabe decir otra cosa que “gracias, Juan”.

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