Uno contra todos

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El presidente le niega otra merecida puerta grande a Diego Ventura en Pontevedra.

Vuelve a pasar, no es nuevo. Otra vez la opinión de uno frente a la de todos. Otra vez un palco contra una plaza. Le apoya el reglamento, pero le contraría el sentido común. No es normal que varios miles estén equivocados frente a uno. No es normal, pero vuelve a pasar. Y el sábado Diego Ventura se marchó a pie de Pontevedra aun después de escribir un faenón, poner la plaza boca abajo y rubricar su obra con un certero rejón de muerte.

Parecían lógicas las dos orejas, pero no. Porque se impuso uno frente a todos. Y eso que fue impecable lo hecho por el cigarrero ante un toro de Cortés de Moura que se movió. Material propicio. Y no falló. Todo lo contrario: se salió una tarde más en aras a hacer aquello que nadie más hace. Los límites dejan de serlo a su alcance. Como en los quiebros con Lío –vaya momento el de este caballo-, tan medidos, tan precisos, tan eléctricos. Es como parar el tiempo en el tiempo que dura un quiebro: que es todo y que es nada. Y como con Bronce, con el que los límites hace tiempo que dejaron de serlo. Aquello de que, con Bronce, Diego se asoma al balcón del precipicio quedó inexacto ya. Porque lo que hace Ventura es vivir en el precipicio mismo, hacerlo suyo. La distancia a la que Bronce pone su cara de la testuz del toro parece sencillamente inaccesible. Y despacio, muy despacio. Una y otra vez, retador, desafiante, dominador… Fue entonces el momento de Dólar, con otro derroche de doma del hombre sobre el animal y otro excelso par a dos manos sin cabezada. Todos diferentes, cada uno superior al anterior. Expuso una barbaridad con Prestigio en el último tercio tras clavar las cortas y desplantarse con suficiencia antes de cobrar un gran rejón, inapelable. Llegó entonces lo que no se entiende. Por eso la reacción de Diego, que tomó el único trofeo que le fue concedido, lo besó como una forma de dar las gracias a la afición pontevedresa y lo depositó en el ruedo en clara señal de disconformidad. Es difícil conformarse frente a la sinrazón. Por más que ya haya pasado.

Se las vio el jinete de La Puebla del Río ante un primer toro que le ayudó poco, que blandeó y ofreció casi nada. Y eso que lo templó con Fino para afianzarlo. Y eso que lo pulseó con el debutante Frascuelo como si ya llevara veinte toreadas. Y eso que le exprimió hasta el último aliento. Y eso que el carrusel de cortas con Remate tuvo la virtud de lo exacto. Ni por ésas recibió Ventura en la medida en que dio. Fue un poco la tónica de toda la tarde a tenor de lo que pasó en el siguiente…

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