Y esto no ha hecho más que empezar…

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Diego Ventura corta dos orejas en Castellón y firma un nuevo triunfo en el inicio de temporada.

Dejó atrás ya la calidez de los vastos mexicanos y se va sumergiendo en la primavera todavía templada de sus dominios españoles con la misma naturalidad de quien pareciera no padecer contraste alguno por más que éstos fueran tan marcados. El mundo entero entre medias. En el motor de la ambición de Diego Ventura, el jet lag no tiene cabida. No hay tiempo para él. La candela de quien pareciera quedarle todo por conseguir no sabe de mermas ni de rachas de aire de conformismo que la tamicen. Permanece intacta. Alimentada por el combustible de quien afronta cada tarde de toros como el escenario natural de su vida, de los grandes pasajes de su vida. Verle marchar a hombros hoy de Castellón era como renovar la vigencia de una fotografía que se sacude el sepia a sí misma, que se actualiza y llena del color de lo muy vivo.

Triunfal y sereno, seguro y feliz, abarcando en el fondo de su mirada un océano entero donde aún caben muchas grandes mareas más, Ventura abría sus abrazos para abarcar todo el cariño y la devoción de Castellón al término de otra tarde más impregnada por la evidencia de que Diego es un genio en su tiempo. Porque geniales fueron los quiebros con Lío al buen segundo toro de su lote, tan eléctricos como rayos y deslumbrantes como haces de luz, tan sobrecogedores por la precisión con que se muestran en ese desafío del cite viniendo de lejos, el frenazo en seco ante el vértigo de lo incierto y la resolución de la suerte tan sutil como mágica y en lo que dura un latido. O menos aún. Y porque genial fue el par a dos manos con Dólar, esa mayúscula exhibición de doma para hacer la suerte como nunca antes y, más aún después, para irse de ella asombrando por lo precisa también de la conjunción entre el mando del hombre y la obediencia del animal. Y genial fue Sueño en su dominio total del último resquicio y en su manera de hacer el toreo de costado, por dentro, en una vuelta completa como si saludando estuviera a Castellón después de un año sin verla. Y la manera tan bella de Campina de reunirse y recogerse con la fuerza en ese punto indómita del toro -que acaba de salir- para metérselo bajo su mando, pero en una caricia. Tan de mujer. Y genial la forma de ofrecer los pechos de Lambrusco, toda la verdad por delante para multiplicar el valor de la verdad de su manera de torear. Tan genial todo en Diego Ventura que, a veces, hasta lo material de los trofeos, parece secundario.

Cortó dos para marcharse triunfal de Castellón. Sereno también, seguro y feliz. Abarcando en el fondo de su mirada la certeza de que el horizonte de su techo aún queda lejos. Y que 2019 no ha hecho más que empezar…

  • Crónica: web oficial Diego Ventura.
  • Foto: Agustín González Arjona.

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