Y volvió Diego Ventura

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El rejoneador cigarrero corta tres orejas en Illescas.

Cuatro meses y un día después, volvió Diego Ventura. Tras el paso de invierno por México, volvió Diego Ventura. Superado el contratiempo que es siempre una lesión, volvió Diego Ventura. Después de una revolución en su entorno, volvió Diego Ventura. Como quien necesitara reinventarse para superar su propia huella, volvió Diego Ventura. Soberbio y supremo. Como si ni él ni su cuadra necesitaran de rodaje alguno ahora que todo comienza de nuevo, volvió Diego Ventura. Fulgurante y deslumbrante. Sin término medio ni prólogo que le anuncie. Como impaciente por marcar él el ritmo de todo lo demás y saberse dueño de una época que le es propia. Marcando la distancia y la diferencia. Mascullando como hacen los toreros -de dentro a dentro- el escozor por lo que no tiene comprensión alguna. Dejando claro quién es quién y quién es él, volvió Diego Ventura. Porque solo así se explica esa espera en los medios frente al cara o cruz de toriles sin prueba alguna, a las primeras de cambio, con Campina, en el primer compás de su primera faena, de su primera tarde, de su nueva temporada. Y lo perfecta de la ejecución de la suerte. Limpia e impecable para poner en pie los tendidos de Illescas sin mediar más tiempo que el preciso. Ese eco de clamor como que despertara de golpe después de cuatro meses y un día dormido. Vean el vídeo, tan esclarecedor: el tiempo que dura la suerte y la multitud entregada sin necesidad de más preparación.

Como luego en la magia de tres quiebros imposibles con Lío. Dos de ellos, a caballo completamente parado en la corta distancia donde ya no cabe menos para quebrar y salir en el tiempo en el que, o es una cosa o la otra, pero las dos ya es un milagro. Y el tercero, perdiendo pasos hacia atrás hasta quedarse sin más pasos que perder y ganar la acción y la gloria de un momento portentoso. Y con el broche de uno de los grandes pares a dos manos ejecutado nunca con Dólar. Por esa reserva del toro en su acometida, por ese medir el instante justo del embroque, por lo incierto del cite, por lo reunido del encuentro, por la magia otra vez -tantas veces ya por entonces, vean el vídeo, tan esclarecedor- de la gente en pie de felicidad. Volvió Diego Ventura. Más que nunca. Mejor que siempre. Único. Distinto. Genial. Un faenón, tres orejas, la primera puerta grande, el eco del clamor retumbando de nuevo, un puñado de caballos de ensueño hechos realidad, la reinvención de sí mismo y de su tiempo, las páginas que nadie había escrito y las que quedan por escribir, la pregunta de dónde está su techo y la respuesta de qué más da si lo importante es que volvió Diego Ventura para retomar su cátedra, su eterna lección. “Como decíamos ayer…”

  • Crónica: web oficial Diego Ventura.
  • Foto: Agustín González Arjona.

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