¡A la gloria!

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La diana de la Banda Municipal despertará a La Puebla en su día grande.

Despierta, cigarrero. Suenan cornetas y tambores. Llegó el día. El día de año nuevo en La Puebla. La diana traerá desde la barriada de Las Marismas el olor a romero que por la tarde convertirá a la localidad en una alfombra verde por la que discurrirá el Santísimo Sacramento. Los rezagados en el real esperan. La banda toca. Ya está aquí la diana. La antesala de la gloria.

Son las seis de la mañana. El ambiente en la feria ha sido maravilloso. Suena la música, los amigos ríen, cantan y bailan. Pero al fondo se ven a dos personas con pantalón oscuro, camisa blanca y un instrumento de metal en las manos. ¿Dónde irán? Ni más ni menos que a despertar a La Puebla en su día grande. Los nervios están a flor de piel. El cansancio de la noche larga no hace acto de presencia. Ya habrá tiempo para conciliar el sueño.

Son las siete de la mañana. La banda está formada. La multitud, cada año con más ganas, acompaña a los músicos en su recorrido por las calles de La Puebla, e incluso comparten minutos de desayunos, los cuales son preparados por las vecinas de distintos barrios. Suena el clásico “soldadito español” por la calle Larga, como le gusta al Pompa, mientras los primeros rayos de sol se dejan ver al fondo, donde se termina la calle y se llega a la Plaza del Corpus Christi.

Son las diez de la mañana. La banda interpreta los últimos compases de “Los Generales”. El público aplaude. Ahora, del júbilo se pasará a la solemnidad. Bendita solemnidad la del Corpus y bendito el propio Corpus. Qué larga se hace la espera y qué corto es el momento. Incluso los balcones de las calles por las cuales discurrirá la procesión tienen una doble sensación. Por un lado, están tristes porque no podrán ver al Santísimo. Pero, por otro, se muestran orgullosos de ver cómo la tela que los cubre ayudará a que La Puebla esté más bonita en su día grande.

Los cigarreros le dan los últimos retoques a fachadas y altares, sacan sus macetas, van a la peluquería. En definitiva, La Puebla se pone guapa. La ocasión lo merece. Dijo Carlos Herrera en su pregón de la Semana Santa de Sevilla aquello de “A la gloria, sevillanos. A la gloria”. Hoy decimos nosotros “A la gloria, cigarreros. A la gloria”. La Puebla está despierta. Es el día del Corpus.

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