Ventura completa otro fin de semana de triunfos

1085 0

El rejoneador cigarrero se exhibe en Villaluenga del Rosario y Motril.

La plenitud del eterno inconformista

Es hijo del mítico Opus 72. De hecho, es uno de sus últimos descendientes. Perteneció a Rui Fernandes hasta que Diego Ventura lo adquirió. Se llama Alcochete y goza de todas las ilusiones puestas en él del jinete de La Puebla del Río, que eligió hoy Villaluenga del Rosario para su debut. La misma plaza donde ejecutó el año pasado por vez primera el par a dos manos sin cabezada con Dólar. Una plaza que es una delicia y, visto su bajío, un talismán también para que Ventura despliegue sus grandes esperanzas de cada inicio de año. Porque Alcochete ha sido la sensación de la tarde. El impacto. La enésima demostración de lo fértil de la factoría Ventura, ese pozo sin fondo… Viniendo de las manos de Diego cabe esperar todo, pero ver el día de su estreno en una plaza de toros a un caballo irse tan de frente como hoy ha hecho Alcochete, apurar tanto el embroque, provocarlo con los pechos, torear con ellos y hacerlo despacio en batidas y quiebros eternos y perfectos, no puede nunca dejar de llamar la atención. Y ha pasado. Ha vuelto a pasar. Para deleite del público que casi llenó los tendidos y que ha tenido ocasión de sentir ese pellizco sin igual de la emoción que surge tan de dentro.

Y volvió a pasar después, con Dólar. Otra vez con Dólar en Villaluenga del Rosario. Donde nació a los ojos de todos la fantasía de esa fantasía que es el par a dos manos según Diego Ventura, que es como nunca lo hizo nadie. De despacio, de reunido, de expuesto, de tan mejorado en su técnica. Ha pasado un año -casi un año- y la suerte ha crecido hasta multiplicarse por mucho. Como crece Dólar, otro caballo de moneda nada corriente. Los ya narrados fueron los pasajes álgidos de otro despliegue de tantas cosas del torero cigarrero. Por ejemplo, de pulso tan acompasado por más que la temporada se esté desperazando con Campina, de salida, al parar y embeber al novillo de Casa Prudencio. Y como luego con Bronce, que se hizo dueño de los terrenos para dominarlos y torear a placer en ellos. Y como con Remate, ese último disparo tan certero, tan afinado, en un carrusel de cortas al violín al que Ventura se entregó como si ya no supiera cuándo es la próxima. Es su esencia, el motor del eterno inconformista. Hoy apareció Alcochete y los hechos le dieron la razón a Diego. Otra vez.

La genialidad que fluye

Nuevo triunfo pletórico de quien vive habitualmente en el triunfo y en la plenitud. Como quien no se da pausa ni a sí mismo, como quien mastica la impaciencia por la competencia, por ser mejor cada día porque no encuentra mejor razón de ser como torero. Como quien no entiende de festivales o de compromisos grandes. Como quien necesita sentir que también sus caballos crecen en la medida en que exige de ellos lo que sabe que ellos llevan dentro. Diego Ventura se ha exhibido también hoy en Motril en una mañana luminosa y espléndida de toreo esplendoroso.

Para empezar, se permitió probar a Bombón -antaño de último tercio- desenvolverse de salida y expresarse con capacidad para domeñar esos primeros envites y ponerlos a favor de lo que viene después. Que lo que después vino fue Fino, grande ya, con hechuras de veterano, que se cosió al utrero de Casa Prudencio al costado para conducirlo a dos pistas por los adentros, pulseando su galope, midiéndolo, calibrándolo para dejarlo en su punto exacto y retarle al clavar en quiebro con esa medida también que delimita lo puro de lo común. Y aún después fue el turno de Bronce, que es oro en su potencial, una mezcla de valor innato y de sentido del temple para cruzar esa línea fronteriza que separa lo cercano de lo casi imposible. Podía sentir Diego el aliento de su oponente en su bota de cuanto de debajo del estribo se dejó llegar al novillo. Dólar puso la locura tras un par de banderillas a dos manos sin cabezada colosal, de ejecución perfecta, inmaculada, impoluta, de tratado para quien algún día se atreva a intentarlo. Volaba ya la mañana en Motril con la misma alegría con que volaban al viento las crines sueltas de Dólar. Desatado. La quintaesencia de la doma, de la compenetración, de la complicidad, de la conjunción entre un hombre -un torero- y un animal -un caballo. Le puso el broche Ventura a su faena con Remate con banderillas cortas antes de cobrar un rejón entero y certero. Pletórico Diego. Triunfal. Único. Genial. Esa genialidad que fluye…

Crónicas: web oficial Diego Ventura.

Foto: Agustín González Arjona.

Related Post

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *